lunes, 5 de marzo de 2012

Polly quiere una galleta.

No ando con ánimos de nada. Sólo quiero escribir, no me interesa tener una comunicación social aunque no se porque me pongo como conectada si no hay ganas de mantener una conversación; mi alma quiere hablar por sí misma. No entiendo a las personas y ellos a mí tampoco pero lo que no te abandona no es Rexona, sino la música. Ella si que lo comprende todo y sabe expresar esas emociones ocultas que no quieren ser vistas por el exterior. Sea lo que sea, siempre pero siempre va a logar captar tu inconsciencia. Polly quiere una galleta, yo me voy a caminar un poco por ahí y le digo a Polly que se porte bien mientras yo no esté. Polly quiere un vaso de agua y me suplica que la deje ir. Le repito que voy a salir y le aconsejo que se quede tal como está ahora, o sea atada. Quizás Polly quería algo más que una galleta y agua pero yo le digo que traje más soga como lo había prometido. Ésa no soy yo porque hemos comido algunas semillas. Polly me pide que la viole otra vez; que la odie. Me grita que no es la única. Pero si fue ella quien solía mirarme como a un piscis cuando me ponía débil. Sus consejos dieron lugar a nuevas quejas mias. Las orquídeas carnívoras no perdonan ni una sola ofensa. Pero aun así, ya mismo desearía poder comer su cáncer para que no se vuelva en negro y largue olor a muerte que es algo que me acosa todos los días al despertarme pero ya no suelo estar tan asustada y amenazada como podía experimentarlo antes. Gracias a Vodka (o sea Dios) que existen esos viajes nocturnos que te llevan a conocer tu propia inconsciencia para después olvidarla en el amanecer o recordar bastante poco como para llegar a dudar si lo vivido anoche fue la realidad o no. Ahí es cuando te empiezan a tildar de loco o de fenómeno. Y ES LINDO SER RARO.

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